Obtener documento - Download document
Cada día nos trae otra dosis de sombríos mensajes desde Cuba.
Más abusos, más decadencia y más sufrimientos, cada
día.
A unos esos mensajes les confirman cada día su calificación
de deleznable de siempre al castrismo. Algunos ven su carga de evidencias
crecer para sus empeños de buscar ayuda, respaldo y condena
internacionales. Alguno verá que crece el castigo para quienes un
día apoyaron al régimen que los oprime. A otros les hacen
sentir que se acercan sus ansiados gran explosión y caos en donde
los principales agentes opresores sufrirían importantes bajas y el
régimen mismo caería. Algunos se contentarán con tener
material para proporcionar a los anteriores y, con ello, hacer algo por
Cuba. También algún otro verá nutrirse su
telón de fondo para conferencias de prensa y actos públicos
para, también, seguir haciendo algo por Cuba.
Simultáneamente, observadores de todas partes deben estar pensando
"¿serán ciertos todos esos mensajes de Cuba?", o "parecen
ciertos, pero ¡ya aburren!", o "¿cómo puede un pueblo ser tan
incapaz para conocer y darse sus derechos más elementales?"
Simultáneamente, el individuo simple en la Isla --que no necesita
que le cuenten sucesos, porque los ve y los sufre--, sigue retrocediendo en
su confianza hacia su sociedad y su nación. Sigue
debatiéndose entre las dos únicas alternativas
prácticas que se le ofrecen: resolver bajo y con el
régimen o escapar.
¿Por qué los cubanos hemos soportado, y seguimos soportando,
tanta tragedia, que ya resulta además bochornosa? PORQUE NO TENEMOS
CONFIANZA EN NOSOTROS MISMOS.
Percibimos la complejidad gigantesca de estructurar socialmente una
nación, multiplicada varias veces dado nuestro punto de partida, de
ruina, descomposición, y con un aparato de poder entronizado en la
Isla. Acumulamos décadas de fracasos. De verdad de verdad, no
creemos que nosotros sepamos y podamos desarrollar esa empresa; aunque,
claro, para contentarnos y sentirnos menos mal, afirmemos lo contrario.
Por eso sentimos la falta de líderes que nos guíen, que nos
arrastren con soluciones que parezcan simples y rápidas. Por eso nos
ilusiona, y buscamos tanto, el apoyo internacional. Por ello nos
ha reconfortado y reconforta tanto --con desastrozas consecuencias-- tener
aliados poderosos, como los EEUU. Por eso nos conformamos tan a
menudo con sólo desahogar la frustración haciendo algo
por cuba.
Compatriotas: Cuba es un asunto exclusivamente nuestro.
Todo lo que nos ha pasado y pasa es por nuestra exclusiva culpa. Nada
tendremos que no seamos capaces de proporcionarnos. Nada se
resolverá que no seamos capaces de resolver nosotros mismos.
Compatriotas: NOSOTROS SÍ SOMOS CAPACES DE DETENER NUESTRA TRAGEDIA
Y ECHAR NUESTRA CUBA ADELANTE. Ni necesitamos ni nos conviene tener
superlíderes. Ni necesitamos ni nos conviene basarnos en
superaliados extraños, ya sean naciones o entidades.
Intentando resumir o simplificar un asunto que es complejo, podría
decirse que hay dos principios básicos que, creo yo, tenemos que
asimilar y emplear de inmediato:
1. Cada ser humano, cada miembro de una sociedad o
nación, es imprescindiblemente importante y
provechoso para el funcionamiento social, por lo que requiere
atención y respeto genuínos.
2. La forma de aprovechar todos las capacidades --las grandes y las
pequeñas-- de cada uno se basa en, siempre crecientemente,
comunicarnos más, meditar más y confiar más en las ideas y las
capacidades de los demás.
Cada día que pase,
comunicarnos más,
meditar más,
confiar más en las ideas y las capacidades de los
demás.
Si usted que está leyendo este escrito no se resigna a que nuestra
Cuba siga hundiéndose, comuníquese conmigo y
con todo el que pueda sobre estas ideas, o sobre otras, apoyándolas,
enriqueciéndolas y/o criticándolas. Medite
sobre ellas. Y confíe en los resultados de lo poco
que yo puedo hacer, si se suma a lo que puedan hacer usted y otros, y
si antes meditamos y nos comunicamos suficientemente. Esa
fórmula, aparentemente simple, termina generando toda la
acción que nos permitirá llevar a Cuba a donde necesitamos y
queremos.
La humildad es siempre una virtud provechosa (además de que es la
prueba suprema de confianza en el valor propio). En nuestra
situación, es imprescindible. Humildad para comunicarnos
frecuentemente, después de meditar, para decirnos: "De lo que
tú planteas, esto y esto creo que no sirven, pero esto sirve", o
"creo que nada sirve, por esto y esto, pero ¡sigue elaborando, por
favor, que lo necesitamos!". Y "Tenías razón, yo estaba
equivocado, ¿qué te parece esto otro?".
¡Cuba merece y necesita tal actitud entre nosotros! ¡Si no somos
capaces de tenerla, Cuba, nuestros seres queridos y nosotros seguiremos
sufriendo! ¡Y nos lo mereceríamos!
Frecuentemente se habla de que al activismo democrático cubano (al
anticastrismo, en la visión simplificada de muchos) le
falta unidad, acción en común. La razón por la que hay
poca actividad común es que no hemos generado estrategias que ganen
la confianza y el interés común; para no sólo
acompañarnos --y que alguno sea dirigente de más
gentes--, sino para realizar tales estrategias a fondo y triunfar.
En casos como el nuestro no hay soluciones simples, fáciles y
rápidas. Ni hay externos salvadores, que realmene lo sean. Esas
estrategias que sirvan, que ganen la confianza y el interés
común, y que nos hagan avanzar, las tenemos que y podemos generar
nosotros. Una vez más: con humildad, con comunicación, con
meditación y con confianza en la capacidad del prójimo.
¡O seguimos hundiéndonos de tragedia y verguenza!
Durante años he tratado de difundir ideas que podrían ser
valiosas, ante todo para motivar al intercambio y a la elaboración
cooperativa que trato arriba. La mayoría de ellas están en la
página de MHEC de la Internet y también puedo enviar copias
de sus escritos si me dicen a dónde.
La idea fundamental es la de que es imprescindible la
participación consciente inteligente de la población para
producir cualquier cambio social serio. Hay que deshacerse de las
concepciones primitivas de que a las masas hay que guiarlas;
olvidarse de las viejas campañas de pasquines y chambelonas --y de
banditas y terrorismo-- de Cuba, y de las campañas comprando
prime time en TV de los EEUU.
Ese concepto primitivo de guiar --usar, manipular-- a la
población es el que ha subyacido en nuestras comunicaciones hacia
Cuba. Su tema básico: el régimen es insoportable,
¡rebélense!, el régimen es insoportable,
¡rebélense!... Y ni qué decir del bárbaro y
estúpido concepto de la caldera de vapor para forzar a la
rebelión en Cuba. El régimen es ciertamente insoportable, y
pudiera hacerse, y va a, empeorar; pero el ser humano nunca actuará
con efectividad --o no actuará en absoluto-- por pura
desesperación contra algo. Hay que mover al
individuo a la acción inteligente por objetivos.
Hay que tener y demostrar que tenemos una alternativa al
régimen viable y meritoria. Hay que merecer y ganar la confianza y
la participación inteligente de los cubanos por y en esa
alternativa.
Existe también el plan básico de promover la acción
hacia la instauración de una asamblea representativa provisional en
Cuba, al margen y a pesar del régimen. Para que se desarrollen
parlamentarios con soluciones reales convincentes, a los que el ciudadano
pueda ver como opciones prometedoras, y a quienes daría apoyo como
pueda y cada vez que pueda. Además los exiliados, con todas las
facilidades que tenemos, podemos tener una versión de esa asamblea
representativa, en que cada representante esté apoyado por, digamos,
mil exiliados distintos certificados.
He querido al menos mencionar aquí las ideas de la
participación y las asambleas, que están detalladas en
documentos más extensos, para que este escrito no se quedara
sólo en principios generales. Los principios generales, si son
buenos, pueden ser fuentes inmensas de acción pero, finalmente,
sólo la acción práctica puede cambiar las cosas.
Lo he dicho antes. Tenemos un territorio, rico y extenso, que nadie nos
disputa. No existen divisiones ni odios ancestrales en nuestra
población. No estamos dominados por fanatismos religiosos ni de otro
tipo. Somos de naturaleza sencilla, cordial, laboriosa, familiar, honesta,
progresista, inteligente.
Además tenemos en el exilio todos los recursos financieros y
tecnológicos que pudiéramos necesitar.
Lo tenemos todo para echar nuestra Cuba adelante. Falta sólo la
acción apropiada de unos poquitos, que irá moviendo a los
demás; empezando al menos por comunicarnos,
meditar y confiar en nuestras
capacidades.
Usted, compatriota, que ha leído este escrito, ¿va a optar por
ser de esos primeros poquitos, o va a esperar, cómoda y
mediocremente, por los demás? Al menos, ¡comuníquese!,
conmigo o con otros, sobre las ideas anteriores.